La cuestión de la exposición de los niños a las pantallas plantea toda una serie de problemas. Es un tema bastante espinoso.
Porque sí, la joven generación crece con estas pantallas que se han vuelto omnipresentes, desde la televisión tradicional hasta el teléfono inteligente que se mete en nuestros bolsillos. Y son útiles estas pantallas, entretienen, son lúdicas, informan, permiten mantener el contacto…
Pero también son peligrosas. Las investigaciones científicas señalan grandes riesgos para los niños y adolescentes, tanto en cuanto a bienestar (sueño, salud ocular, concentración, regulación de las emociones) como a nivel de su desarrollo, en muchos aspectos: desarrollo físico y motor, cognitivo, social y emocional.
Pero entonces, ¿cuáles son estos riesgos y cómo prevenirlos? ¿Debemos desterrar para siempre las pantallas de nuestras vidas y renunciar a la consola y a las partidas de Mario Kart con tu primo pequeño? ¿Existen buenas prácticas para limitar los efectos negativos de las pantallas en los niños?
¡Sigue la guía, te lo explicamos todo!
Los niños y las pantallas: algunas cifras
No es un secreto, los más jóvenes pasan cada vez más tiempo con los ojos pegados a sus pantallas. Y con razón, están en todas partes, en la vida de los padres como en la de sus hijos: ordenadores, tabletas, teléfonos inteligentes, televisión, las tentaciones son múltiples, y no solo en casa.

Las cifras hablan por sí solas: según el estudio ESTEBAN de Santé Publique France « La proporción de jóvenes que pasan 3 horas o más frente a una pantalla cada día alcanzaba el 45% entre los 6-10 años, el 70 % entre los 11-14 años, el 71 % entre las chicas y el 87 % entre los chicos de 15-17 años. »
🇺🇸 En Estados Unidos, las encuestas han revelado incluso que los niños pequeños de menos de 2 años pasan una media de 42 minutos al día frente a las pantallas. Para tu información, la OMS recomienda precisamente desterrar las pantallas hasta los 2 años (¡o incluso los 3!)
Las pantallas y el desarrollo cognitivo del niño
Las pantallas, tan importantes en la vida de los adultos, son por tanto también una parte enorme de la de los niños. Pero su uso excesivo puede tener consecuencias en sus pequeños cerebros, aún en pleno desarrollo.
En efecto, a una edad en la que su cerebro aún no es maduro (de hecho, no lo sería hasta los 25 o incluso 30 años según un estudio británico), exponer a los niños demasiado tiempo y con demasiada frecuencia a las pantallas podría tener un impacto en su desarrollo.

Para entender mejor cómo las pantallas en dosis altas pueden influir en el desarrollo del cerebro de los niños pequeños, piensa que durante los primeros años existen ventanas de aprendizaje, periodos importantes para desbloquear y perfeccionar cada habilidad.
En resumen, durante estos periodos en los que las conexiones nerviosas se desarrollan con mayor facilidad, si el cerebro no recibe la estimulación necesaria para superar ciertas etapas, podría haber dificultades para cubrir esas carencias más adelante.
Durante estos periodos llamados críticos, es esencial estimular el sistema sensorial del niño y, por tanto, limitar la exposición prolongada y fija a las pantallas.
¿Qué dicen los últimos estudios?
En Estados Unidos, los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses (NIH) estudiaron el impacto de las pantallas en los cerebros de 4.500 niños de 9 y 10 años, en particular gracias a los datos obtenidos mediante resonancias magnéticas (IRM).
⚠️ Primer hallazgo: los niños que pasaban más de 7 horas al día frente a una tableta, un teléfono inteligente o videojuegos presentaron resultados diferentes en los trazados cerebrales. Pero, sobre todo, las imágenes revelaron un adelgazamiento de la corteza cerebral, considerado un signo de envejecimiento prematuro del cerebro.
⚠️ Además, los niños que participaron en este estudio y que pasaban más de 2 horas al día frente a una pantalla obtuvieron peores resultados en las pruebas de memoria y lenguaje que el grupo de control.
Otro estudio que advierte sobre los efectos de las pantallas en el cerebro de los más pequeños: el realizado por el Instituto CHEO de la Universidad de Ottawa, publicado en Lancet Child and Adolescent Health.
⚠️ Según este estudio canadiense, « los niños que pasan más de 2 horas al día frente a las pantallas podrían tener peores capacidades cognitivas que aquellos cuya exposición es más limitada ». Los resultados fueron, una vez más, irrefutables: pasar más de 2 horas diarias frente a una pantalla, todos los días, empobrecería el desarrollo cognitivo del niño.
Como consecuencias directas de la exposición a las pantallas de los más jóvenes, se observaron dificultades de atención y concentración debidas a una sobreestimulación cognitiva en varios grupos de estudio.
El lenguaje, el sueño y el rendimiento cognitivo de los niños que participaron en el estudio del CHEO se vieron fuertemente afectados por un tiempo de pantalla por edad muy superior a las recomendaciones de la OMS.
Por último, la capacidad de resolución de problemas también se vería perturbada: al recibir respuestas de forma más fácil y directa a través de los contenidos en las pantallas, los niños pensarían de manera diferente, menos crítica. Estas afirmaciones deben tomarse con cautela, ya que numerosos parámetros pueden influir en la capacidad de reflexión.
💡 A saber: estos estudios son bastante recientes, por lo que llamamos tu atención sobre el hecho de que seguramente habrá que esperar unos años más para tener una perspectiva mayor sobre los resultados observados. Pero todos los indicios apuntan a peligros reales para los niños, ¡así que es mejor limitar su exposición a las pantallas!
Las pantallas y el desarrollo socioemocional del niño
Pero no solo el desarrollo cognitivo se ve perturbado por las pantallas:
👉 la regulación de las emociones, la comunicación y las aptitudes sociales de los niños también se ven afectadas por la exposición a las pantallas.

🗣 Comunicación
Los niños que pasan mucho tiempo frente a las pantallas pueden tener menos oportunidades de comunicarse con los demás de forma verbal y no verbal, y por tanto presentar más problemas de lenguaje, comunicación e incluso empatía.
Porque sí, las interacciones cara a cara son esenciales para desarrollar estas aptitudes.
🫤 Aislamiento
Otro peligro de las pantallas señalado por estos estudios: el riesgo de aislamiento, de desocialización de los niños expuestos con demasiada frecuencia a las pantallas, con riesgos de depresión y repliegue sobre sí mismos provocados por esta falta de interacciones y estímulos externos.
😤 Regulación de las emociones
La falta de contacto con sus pares también podría perturbar el aprendizaje y la regulación de las emociones del niño.
Estos efectos se ven reforzados por la dificultad de cortar el tiempo de pantalla a un niño que se ha acostumbrado a pasar horas en ellas.
En resumen, un exceso de pantallas desconectaría a los niños del mundo exterior: es mejor privilegiar los juegos y el tiempo de calidad con personas reales (de carne y hueso, ¡no de píxeles!), aunque eso suponga llevar a tu hijo al parque o leerle por enésima vez sus cuentos favoritos. Las interacciones son simplemente esenciales para el desarrollo durante la primera infancia.
Las consecuencias del consumo excesivo de pantallas en el buen desarrollo físico y motor del niño
Por último, debes saber que la exposición prolongada a las pantallas tiene efectos físicos en los más jóvenes.

🦴 La postura
En primer lugar, la postura: recordemos que la postura frente a una pantalla, ya sea para trabajar o para divertirse, no es ideal para la alineación corporal ni para prevenir problemas de espalda.
¡Imagínate entonces lo que puede ocurrir en un cuerpo en pleno crecimiento! Los trastornos musculoesqueléticos, un mayor riesgo de escoliosis y los problemas cervicales (el famoso text neck) se encuentran entre las complicaciones que pueden afectar a los niños pegados durante demasiado tiempo a sus pantallas.
🏃♀️ La motricidad
¡Pero eso no es todo! Al igual que con el desarrollo cognitivo, el uso de las pantallas puede impedir que el niño se desarrolle armoniosamente a nivel motor: tienen menos oportunidades de hacer ejercicio y ejercitar sus capacidades motoras, tales como el equilibrio, la coordinación ojo-mano y el desarrollo muscular en general.
🍦 Obesidad, diabetes y otros
Otra consecuencia del consumo excesivo de pantallas en niños, adolescentes e incluso adultos: el aumento del sedentarismo.
No es difícil de entender: un niño que se queda horas mirando el móvil en el sofá será menos activo que uno que gasta energía subiendo al tobogán por décima vez o intentando hacer un truco con el patinete.
Como sabemos, el sedentarismo aumenta el riesgo de obesidad y, por ende, el de desarrollar trastornos como la diabetes o enfermedades cardiovasculares en la edad adulta.
😴 El sueño
Obviamente, al igual que ocurre con los adultos, no podemos hablar de las consecuencias en la salud de los niños sin mencionar los problemas de sueño relacionados con las pantallas o los trastornos oculares. Como recordatorio, hasta los 10 años, el cristalino de los ojos está aún en pleno desarrollo y, por tanto, es aún más frágil. ¡Otra buena razón para alejar a los más jóvenes de las pantallas!
Uso de pantallas y desarrollo infantil: buenas prácticas
El panorama es, por tanto, preocupante: el consumo excesivo de pantallas crea problemas en todos los ámbitos de los niños.
Pero deben, en cualquier caso, aprender a dominar las pantallas omnipresentes, aunque solo sea porque las necesitarán en su vida adulta.
Entonces, ¿cómo crecer en la era digital sin sufrir por las pantallas?

👩👩👧👦 Las recomendaciones por edad
En primer lugar, recuerda que existen recomendaciones de tiempo de pantalla por edad. Para simplificar, es mejor desterrar por completo las pantallas en los más pequeños y ser prudentes con su uso posteriormente. En cifras, esto queda así:
- 0 minutos al día antes de los 3 años
- 20 minutos al día hasta los 6 años
- 1 a 2 horas al día hasta los 9 años
- 2 horas al día para los mayores
Más allá del tiempo de pantalla, ¡también es importante prestar atención al contenido!
En lugar de poner otro vídeo más o dejar al pequeño frente a un dibujo animado para tener algo de tranquilidad, será necesario participar e interactuar. Deben priorizarse los contenidos lúdicos e interactivos adaptados a su edad, para que el tiempo de pantalla no sea una actividad pasiva y solitaria.
En definitiva, las buenas prácticas para que un niño pequeño crezca de forma armoniosa en la era de las pantallas no son tan complicadas. Es obligatorio racionar, para que el consumo saludable no se convierta en un consumo excesivo. Hay que buscar actividades alternativas que fomenten la curiosidad, el juego, la actividad física y la interacción.
Además, los niños siguen el ejemplo de los adultos. Así que tú también tendrás que dejar la pantalla y vivir un poco en el mundo real. Al final, será bueno para todos.
💡 A tener en cuenta: demonizar las pantallas no tiene ningún sentido. No te estamos diciendo que te vayas de excursión a Mordor, donde se extienden las Sombras, para arrojar todas tus pantallas al Monte del Destino. Aprender a utilizar las pantallas es importante y también son útiles para los niños, con actividades lúdicas y entretenidas. Jugar en familia es una alegría, al menos hasta el día en que el más pequeño empieza a darte una paliza en Mario Party. Cuando son más mayores, también forman parte de su sociabilidad, y hay que aprender a dominarlas. Hay que saber encontrar el equilibrio.
Conclusión: el impacto de las pantallas en el desarrollo infantil
Las pantallas están en todas partes en la vida de los adultos y de los niños. Y las crecientes investigaciones científicas señalan numerosos peligros para el desarrollo de nuestros queridos retoños (ojo, si tu pequeño es pelirrojo, tampoco se libra).
Habría efectos a nivel cognitivo, en el desarrollo socioemocional, y en el desarrollo corporal y motor. En cuanto al bienestar, el panorama no es mucho más alentador.
Pero unas buenas prácticas pueden permitir crecer en nuestro mundo hiperconectado limitando los efectos nocivos de nuestros amigos luminosos. Hay que prohibir las pantallas antes de los tres años y seguir limitándolas después, para establecer hábitos saludables y evitar la trampa del consumo excesivo e incluso la adicción.
Hay que acompañar a los niños en su descubrimiento de las pantallas, para fomentar actividades lúdicas e interactivas. Para enseñarles a utilizar lo que sigue siendo una herramienta formidable, un pozo sin fondo de conocimientos siempre al alcance de la mano.
Y hay que dar ejemplo: ¡tú también, desconéctate y pasa un buen rato en familia, lejos de toda tu colección de pantallas!



